Si llegaste hasta acá, es porque realmente querés conocer lo que hay detrás de las canciones, no solo el sonido, sino la persona que las crea.
Gracias por eso.

Desde chica, los sonidos fueron mi idioma más natural, mi forma de entender el mundo y comunicarme cuando las palabras no alcanzaban. No lo sabía entonces, pero esa sensibilidad tenía un nombre. Durante años sentí que percibía todo de manera distinta: los ruidos, las luces, las emociones ajenas, incluso los silencios… todo me atravesaba con una intensidad difícil de explicar.

Recién de adulta, con mi diagnóstico de autismo y altas capacidades, muchas piezas encajaron. No fue una excusa, fue un mapa. Comprendí que esa manera distinta de procesar la realidad era también el territorio donde nacía mi música.

Durante mucho tiempo escondí mi diferencia para poder trabajar, enseñar, estar “a la altura” de un mundo que no siempre deja espacio a quienes vibramos fuera de frecuencia. Pero también aprendí que no todo fue soledad: hubo personas que me sostuvieron y abrieron puertas sin saber cuánto lo necesitaba. Gracias a ellas sigo creyendo en la gente buena.

A lo largo de mi vida recorrí muchos universos: estudié Musicoterapia en la UBA, toqué en escenarios grandes y pequeños, exploré la electrónica, el folclore, la electrónica y los paisajes experimentales. Fui mezclando máquinas con charangos, sintetizadores con respiraciones humanas, buscando siempre ese punto donde la emoción y la tecnología se abrazan sin miedo.

Mi historia está atravesada por la búsqueda de sentido: transformar el dolor y la belleza en sonido. Creo profundamente que la diversidad -humana, animal y natural -es nuestra mayor fuente de riqueza. Me preocupa el rumbo del planeta, la pérdida de biodiversidad y la desconexión entre los seres; por eso intento que mi arte recuerde que todos formamos parte de un mismo tejido sensible.

Hoy entiendo mi sensibilidad no como una fragilidad, sino como una herramienta. Percibo cosas que otros no notan: emociones, tensiones, matices invisibles. Y aunque eso me lleva a pasar muchas horas o días recuperándome en un silencio y encierro absoluto pero reparador, también me da la posibilidad de conectar profundamente, de escuchar de verdad, y de crear desde ahí.

Sigo creyendo que los sonidos pueden sanar, abrir mundos y acompañar a quien los escucha.
Mi música es, en parte, mi forma de decir “te entiendo”, aunque nunca nos hayamos visto.

Además de mi trabajo artístico, sigo formándome continuamente. Tengo varios intereses especiales: las neurociencias, la física, la geografía, las culturas orientales y las músicas nativas del mundo. Cada uno de esos universos alimenta mi manera de escuchar, de enseñar y de vivir.

Gracias por leer hasta acá y compartir este espacio conmigo.
Te siento, te leo, y me alegra saber que algo de lo que hago resuena en vos.
De eso se trata Avatar: de contar las historias que me conmueven, las que hablan del alma humana en todas sus formas.